5. En la práctica
Contra lo que estamos luchando aquí, es contra un conjunto de preguntas amorfas y resbaladizas, pero absolutamente centrales: ¿Cómo es que nuestras actividades urbanas, del día a día, pueden generar los datos? ¿Y cómo se representa estos datos? ¿Cómo, específicamente, los datos capturados por la “nube”, se reflejan en el funcionamiento de los servicios? ¿Y qué novedad le ofrece a los usuarios individuales? ¿Quién está facultado para hacer uso de ella? ¿Cuántas preguntas como éstas, en última instancia, obtendrán respuesta y marcarán la diferencia entre las ciudades que trabajan para las personas que viven y sueñan con ellas, y las que generan experiencias molestas, desagradables y peligrosas? ¿Cómo va a ser en la práctica?
Aquí ofrecemos un caso práctico situado en el “shotengai”, o la principal calle comercial, del tranquilo barrio de Hiro-O de Tokio. Este espacio es una zona llena de vida y ruido incluso a las nueve menos cuarto de la noche en una tarde lluviosa de otoño. Donde una imagen común es, una pandilla de chicas en edad escolar que ríen mientras se pasan imágenes a través de sus teléfonos móviles, al mismo tiempo que los mayores bien vestidos y de aspecto apresurado tratar de abrirse paso alrededor o a través de ellas. Los coches, en su mayoría taxis, poco a poco tratan de avanzar en la estrecha calle. Tal vez uno de cada seis o siete parece ser que orbitan alrededor de la manzana. La calle está inundada de un excedente fluorescente proveniente de los escaparates de los negocios abiertos, bañada por los rojos brillantes, azules y verdes de la señalización LED. Y todo transcurre al mismo tiempo que una grabación publicitaria de una cadena de farmacias, a volumen de dolor de oído y distorsionado hasta el punto de la incomprensibilidad. Las aceras de Hiro-O son como las de cualquier barrio de una gran ciudad, sobrecargadas de información que uno podría posiblemente querer poseer para de esta manera hacer el eficaz tratamiento de los recursos, ya sea para consultar el nivel de existencias en las máquinas expendedoras de bebidas, colocar algo en el tablón de anuncios de la comunidad o averiguar si hay plazas disponibles en una calle lateral.
Todo en la vía pública está desbordado de atributos para cuantificar o medir, como por ejemplo: si realmente o no va a llover en este mismo momento, y si es así, la carga en las zonas peatonales y el flujo de tráfico en la misma calle. O tal vez estamos más interesados en el tamaño de los grupos sociales que viven en el barrio y en el tiempo que los grupos tienden a reunirse o de qué barrios han llegado la gente que pasea en Hiro-O, hacia dónde van y cuándo van salir. Todas estas preguntas, curiosidades y deseos podrían resolverse si reconsideramos los objetos que nos rodean como recursos en red. Algunos de ellos, de hecho, ya están en camino, los nuevos modelos de máquina expendedora de cigarrillos ahora pueden escanear los rostros de los posibles compradores con el fin de determinar si son lo suficientemente mayores para la compra legal. Todos los iPhone o cualquier móvil, por más barato que sea, que se encuentran en la calle está ligados a un consumidor, siendo un indicador confiable de la identidad personal y su ubicación a través de la intercesión del IMEI y la tarjeta de crédito o los números de su cuenta bancaria. Si quieres encontrar a alguien en el montón de paja urbana, podrías hacerlo si te encuentras en posesión de los datos anteriores, por supuesto sería más fácil si la persona dijera abiertamente donde se encuentra a través de Foursquare, Twitter o cualquier aplicación equivalente.
Pero si bien todas estas cosas son sin duda interesantes, es evidente que carecen de uno o más de las disposiciones fundamentales que hemos estado discutiendo: del manejo accesible, de una habilidad a ser descubierta, de la capacidad de decirle a la interfaz el resultado del análisis de datos o crear sentido en base a las capacidades de un objeto. Ponga todas las características anteriores juntas ¿Qué es lo que tenemos? ¿Cómo puede darse la transición de “algo que se encuentra en el paisaje urbano” a “una auto-descripción de los recursos”? Podríamos ver un ejemplo en: un espacio de aparcamiento con capacidad máxima para dos coches:
Como recurso de la red, tendría por supuesto una dirección única en el espacio de nombres del IPv6. Y además de poseer una extensa descripción a cerca de los atributos, la ubicación, el tipo (“aparcamiento”), la capacidad (“coche compacto”), también incluiría información acerca de la propiedad (” privado “). Esta última clasificación es importante porque mientras que las autoridades municipales se preocupan por generar rotación en el espacio destinado para aparcar, los operadores privados sólo desean maximizar los ingresos. No les importa el tiempo que un coche particular ocupe el espacio, siempre que pague. Sería un atributo de clase y otro para el tipo de tarifa (“fijo” o “dinámico”, los cuales reflejan un mercado de fijación dinámica de precios de los recursos de estacionamiento). La clave está en la utilidad del recurso, en particular sería la disponibilidad, la cual conmuta entre dos estados: “disponible” y “no disponible”. (Tal vez como extra, un diseñador podría añadir dos valores de estado, en este caso de transición, como podría ser: “Se ha puesto disponible” y “Deja de estar disponible”) Dependiendo de los detalles del modelo de negocio, incluso se podría añadir el atributo de tiempo estimado de disponibilidad. Esto es lo esencial. Con estos atributos y la configuración adecuada de los servicios, este espacio se presenta como un activo para cualquier dispositivo con Internet, pudiendo ser manejable por un usuario particular de iPhone hasta por el GPS del Prius que utilizan los trabajadores del Centro Metropolitano de Control de Tráfico de Tokio, incluso la información podría ser vista a través de la pantalla del portátil de un empleado de oficina en Barcelona que imagina lo que pudiera ser vivir en Japón. Y luego, diversas partes, y por sus propias razones, encontraran estos conjuntos de datos útiles, interesantes o necesarios para la elaboración de su propio modelo de negocio, teniendo en cuenta que una vez que la recopilación de datos básicos se ha producido, estos son esencialmente disponibles sin ningún costo adicional.
El punto no es sólo que un conductor encuentre una plaza de aparcamiento en unos pocos minutos, segundos o en menos de lo que hubiera pensado. El punto es hacer más eficiente el uso de los recursos, disminuir el número de vueltas que se dan al buscar una plaza, bajar la tensión de los conductores, ayudar a que ese conductor sea una persona de trato agradable en los próximos minutos, reducir el riesgo de interrupción de los compromisos sociales y obligaciones, hacer que los vecinos no sean molestado por la circulación de los coches dando vueltas y, sobre todo, provocar que las oportunidades que podrían haberse perdido ahora sean aprovechadas. El punto más significativo, es la ocasión para un mejor conocimiento de la ciudad en consecuencia de la interacción, sin embargo la interacción de estos elementos generaran la posibilidad de que surja, por parte de un tercero, una propuesta que afecte directamente al conductor, al administrados del espacio, a ambos o a alguien completamente distinto. La idea de que alguien estudie los datos generados por eventos como éste podría llevar a una nueva y mejor forma de hacer las cosas. Estos datos utilizados a gran escala hacen que haya valido la pena el esfuerzo de desarrollar la tecnología, o por lo menos eso creemos. De hecho, establecen razones para ser optimistas sobre el futuro de las ciudades, en un momento en el que el optimismo está por los suelos.
¿Qué haría usted si pudiera tener acceso a los flujos de datos provenientes estas cosas? ¿Qué herramientas de visualización y abstracción de análisis se podrían construir sobre esos flujos? ¿Qué negocios? ¿Qué nuevas e inesperadas relaciones sociales podrían surgir a partir de su enunciación? ¿Qué conocimiento? Trate de imaginar cómo se vería los datos obtenidos por esta actividad generada a través de toda una ciudad, en todo el país o todo el mundo: cien mil millones de cosas relacionadas, el envío de datos, la respuesta a los mismos, esperando el momento en que los recojamos y los usemos. Pensando en una ciudad de esta manera se presentan un conjunto de metáforas muy potentes acerca de la informática y que no son, al final, realmente nada de eso en lo absoluto: los servicios, scripts y aplicaciones que se ejecutan en la parte superior de la plataforma de informática de la ciudad contemporánea.
El punto no es, en absoluto, introducir otro par de términos a la jerga del pensamiento urbanístico, que después de todo ya está bien provisto. Es para que el poder que se encuentra detrás de estos conceptos nos de la capacidad de concebir y ejecutar las experiencias que conocemos como urbanas. Y, finalmente, ofrecer a la gente un lenguaje de alto nivel con el que describir la forma en que desea configurar los recursos urbanos y componer situaciones. Incluso estando limitados de recursos en el ámbito público, de repente se vuelve trivial que se pregunte sobre las cosas que encontramos en el mundo. ¿Cuál es el número actual de plazas disponibles en el ferry de las 4.15 a Larkspur Landing? ¿De qué manera el número de personas esperan en la parada de autobús con rumbo al oeste en el camino de Gray Inn, según la hora, la estación, el clima? ¿Existe alguna correlación entre los arrestos y la ubicación de las cámaras de vigilancia en el Raval? ¿Cuál es la intersección de la calle más peligrosa en Chengdu?
Podemos ejecutar servicios: ¿Qué porcentaje de las sillas de la plaza Herald Square están disponibles en este momento? ¿Qué procesos son necesarios para pedir un sitio? O simplemente escribir guiones: “Notificarme cuando un grupo de tres sillas quede disponible.” Podemos utilizar los resultados de estas consultas directamente como un instrumento, podemos convertirlos en otros sistemas conectados para la acción o podemos alimentar las bases de datos, las visualizaciones y los paquetes de análisis. Cada respuesta puede satisfacer a la curiosidad ociosa, y no hay nada malo en ello, pero también podemos aprovechar para desarrollar la percepción, proveyendo de un apoyo esencial a una decisión o al fortaleciendo de uno u otro lado de un debate. Todos y cada uno de ellos, además, es potencialmente la parte, alrededor de la cual, una comunidad de interés común puede establecerse. ¿Vamos a destinar más recursos para los coches de policía o las patrullas a pie, dónde colocamos la estación de reciclaje aquí o aquí, permitir o prohibir el entretenimiento nocturno en este bloque? Si usted piensa que no hay relación posible entre los detalles de bajo nivel en el diseño informático y la construcción de un público que piensa en sí mismo como tal, preste mucha atención a lo que sucede a raíz de la introducción de modelos de objetos semánticos sobre las cosas cotidianas, mientras que el lenguaje natural, de alto nivel, permite la generación de interrogantes. Entre las primeras cosas que todos vamos a aprender de ellos es lo sorprendentemente estrechas que pueden llegar a ser las coyunturas.
Proporcionando únicamente las herramientas apropiadas, creemos que la gente va a construir la más increíble conexión de servicios a medida con recursos abiertos. Si has sido testigo del adelanto de impresionantes aplicaciones para iPhone o Android, espera a ver lo que sucede cuando la gente pueda a acceder a aplicaciones que le permitan consultar sobre el aparcamiento en el estadio, las estaciones meteorológicas, bastidores de bicicletas, niveles de los embalses y los tiempos de espera en filas en las que se tiene que permanecer de pie.

6. Diseño de ciudades en red y de sus ciudadanos
Nada de esto será sin riesgo, nada de esto se puede tener sin alguna pérdida. Pero la verdad es que ya estamos experimentando ciertas pérdidas como resultado de la introducción de la informática en red en nuestras ciudades. De hecho, si hay una manera de caracterizar la relación actual entre la informática en red y la experiencia metropolitana, es que la primera tiende a cortar en contra de las formas en que históricamente se han entendido la vida cotidiana y las cosas que hemos confiado a las ciudades para que hagan por nosotros. Como hemos argumentado anteriormente, la posibilidad de buscar trivialmente el espacio de una ciudad es la lixiviación a distancia de la constitución de una calidad que siempre hemos reconocido como expertos urbanos o conocedores. La persistente recuperación de información personal está socavando la capacidad de la ciudad para actuar como una crisálida de reinvención personal. Tecnologías como la alta resolución de posicionamiento y el reconocimiento facial algorítmico están destruyendo cualquier promesa de anonimato que pensamos que la metrópoli podía ofrecernos. Es solamente en base a una consciente y cuidadosa transformación del paisaje urbano con la cual podremos crear una malla de recursos abiertos y disponibles que nos permitan corregir este desequilibrio. Esta transformación no puede ser dirigida de arriba hacia abajo, ni se logrará de una sola vez. Sin embargo, a mayor número de recursos disponibles, mayor será el grado de la descripción adecuada y la capacidad de ser utilizados sin necesidad de una configuración adicional, y por supuesto todos estaremos mejor.
Estas no son las “ciudades inteligentes” que IBM, Oracle y Cisco desean implementar, o más propiamente, vender a los órganos municipales en todo el mundo. No se requieren zonas verdes ni el patrocinio de un gobierno paternalista. Estas son sólo las ciudades en las que ya vivimos, y amamos, dotadas de todas las nuevas capacidades y potencialidades que una tecnología emergente puede ofrecer. Si esto va a ser el siglo de las ciudades en red, como los consultores y los analistas nos siguen diciendo que será, creemos apasionadamente que tal cosa no puede limitarse a, sino que debe, ser construido sobre la base del respeto, la empatía y atención.
Fuente: urbanscale.org
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